Descripción
¿Quién no se ha sentido alguna vez conmovido, turbado, exaltado, hechizado o arrebatado por las emociones y los sentimientos que despierta y desata la música? Desde la noche de los tiempos, viene atribuyéndose al arte de las musas toda suerte de propiedades que pueden alterar o condicionar el estado de ánimo e incluso la conciencia de sus oyentes. Presuntas cualidades que intuitivamente advertimos y apreciamos en algunas de las grandes obras de la música clásica occidental, y de cuyas virtudes se hace eco (y también se mofa) la cultura popular, sobre todo la comedia —recuérdese a Woody Allen, en Misterioso asesinato...