Descripción
Sopa de tomate contra un Van Gogh, manos pegadas a los marcos de un Goya. ¿Vandalismo ciego o el acto de protesta más lúcido de nuestro tiempo? En este ensayo tan deslumbrante como provocador, el historiador del arte Manu Martín argumenta con una contundencia arrolladora que la profanación de los símbolos no es un sacrilegio, sino una herramienta histórica de protesta y crítica sin parangón. «Una herejía ilustrada» que demuestra que, para rescatar el arte, a veces hay que «atacarlo». Con la precisión de un bisturí, Martín disecciona el concepto de «Patrimonio» para revelarlo como lo que a menudo es: una...